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Borremos el Racismo del Lenguaje

viernes, 30 de noviembre de 2012

Proyecto Adict@s Noviembre 2012: LA PALABRA PROHIBIDA


Este mes de noviembre el proyecto que ganó por votación mayoritaria fue La Palabra Prohibida. La propuesta consiste en escribir un microrrelato, de no más de 500 palabras, donde no deben aparecer determinadas palabras claves. En esta ocasión tuvimos la posibilidad de elegir escribir acerca de uno de tres temas distintos, o escribir un micro para cada uno.

Yo elegí escribir acerca de estos dos temas:

-Un encuentro amoroso. NO se podían usar las siguientes palabras: pasión, deseo, amor, lujuria, cariño.

-Un hombre en una consulta dental, con fobia al dentista. NO se podían usar estas palabras: miedo, terror, pánico, pavor, fobia.



ENCUENTRO FORTUITO

Cuando llegó al cine estaba muy enfadada. No había cola en la boletería, así que pagó de inmediato y entró con los ojos fijos en la alfombra roja que amortiguaba sus pasos. La película había empezado, en la sala sonaban las voces de los actores y la escasa luz que provenía de la pantalla apenas permitía ver algo en el interior. 
Eligió la última fila, se tapó el rostro con las manos y respiró hondo. Ese día no le había ido nada bien; había perdido el último examen que le quedaba para terminar por fin la carrera y, luego de casi seis años trabajando en el bufete como un simple cadete, su jefe le había dicho que prescindía de sus servicios pues no podía seguir esperando a que al fin se diplomara de Abogada. ¿Podía ocurrir algo peor en el poco tiempo que faltaba para que ese día llegara a su fin?, pensó con impotencia, conteniendo las ganas de gritar. 
Notó que alguien la miraba, logró distinguirlo gracias a la claridad de la imagen que mostraba el filme en ese momento; un hombre la miraba con insistencia. Miró hacía atrás y constató que no había nadie más, ella era el objeto de su atención. El hombre continuó observándola con descaro, dando paso a un incipiente nerviosismo. En un primer momento pensó en levantarse e irse, pero supuso que el desconocido perdería interés, se concentraría en la película y dejaría de incomodarla. Al fin lo olvidó y se concentró en la película, sin poder olvidar sus problemas, hasta que una mano apretó la suya con fuerza. Se sobresaltó, el hombre estaba a su lado, su mirada era intensa, urgente. Otra vez el enojo amenazó con volver —la rabia por ser interrumpida en su monótona y problemática existencia—, pero esa sensación se diluyó ante el gesto posesivo de unos dedos sobre su mano. Ni siquiera atinó a decir algo, ni a emitir un insulto o un reclamo, sólo veía los ojos masculinos fijos en sus labios; un cosquilleo le hormigueó en el estómago y luego se extendió por todo su cuerpo como una caricia caliente. No lo pudo evitar, se pasó la lengua por el labio inferior y también se concentró en su boca, estaban tan cerca que podía sentir la calidez de sus alientos mezclándose, sus respiraciones aceleradas, impulsadas por emociones diversas. 
No sabía quién era él, no se cuestionó si sería perjudicial para su reputación, al fin y al cabo siempre era tan correcta y así le iba en la vida. ¿Qué más daba dejarse llevar sólo por esa noche?, pensó, mientras permitía que la llevara a la carrera fuera del cine, presagiando que, después de todo, el día no tenía porqué terminar con los mismos nubarrones negros con los que empezó . . .

(464 palabras)




REVISIÓN OBLIGADA

Ojeaba el periódico sin prestar atención a su contenido. Cada tanto miraba por sobre las hojas de papel y parecía contar las personas que había allí. La niña que se abrazada a una muñeca de trapo lo miraba con fijeza, sin parpadear. Ella se había percatado de las gruesas gotas de sudor que mojaban la cara del hombre, su nerviosismo al mirar hacía todos lados y su respiración entrecortada. Él hombre reparó en ella y la miró con disgusto, le sacó la lengua y la pequeña desvió la mirada, avergonzada. Dejó el diario, ahora arrugado, y comenzó a caminar a pasos rápidos y cortos por la sala de espera del dentista. Se tocó la mejilla derecha y emitió un quejido muy tenue, parecía que en cualquier momento iba a comenzar a hacer berrinches.
Solo había tres personas mayores, además de la niña que estaba con su mamá, y todas mostraban un semblante sumamente tranquilizador. El único que no estaba tranquilo era él. Odiaba el terrible dolor de muela pero aún estaba a tiempo para arrepentirse. Volvió a tomar asiento, jadeaba y se golpeaba los muslos con las palmas de la mano.
Una dama bastante mayor, que movía su abanico con lentitud, lo miró con censura pero no dijo una palabra. La niña entró a la consulta sin ningún inconveniente cuando le llego el turno, mientras la mamá la esperaba afuera. El hombre se puso en pié de nuevo y continuó el paseo, más histérico y ansioso que antes; lo hizo durante varios minutos, mientras el resto de los pacientes lo observaba con creciente molestia. 
Cuando escuchó que lo llamaban por el apellido, la mano que mantenía sobre la mejilla inflamada se disparó hacía su pecho. Su rostro se contrajo y se puso morado, un ronco quejido brotó de su garganta. Cuando los paramédicos llegaron ya era tarde, había fallecido por paro cardíaco masivo debido a una impresión muy grande.
 
(319 palabras) 
 

Noviembre 2012

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"La vida se ríe de las previsiones y pone palabras donde imaginábamos silencios y súbitos regresos cuando pensábamos que no volveríamos a encontrarnos."


José Saramago