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Borremos el Racismo del Lenguaje

lunes, 4 de junio de 2012

MI CONTINUACIÓN DE LA HISTORIA ENLAZADA: MALOS ENTENDIDOS





«Ahora, dejemos que Metatrón nos cuente cómo la Bestia de la Destrucción se fue con Orpra; y porqué él y Luvriniev no pudieron venir a ayudarnos», fue lo último que escuchó Aura, antes de sumirse en pensamientos acerca de lo que debía hacer de ahora en más.

Internamente se sentía desilusionada, ya no quería estar en ese lugar, ni ser quien portara las gemas de las bestias, ni siquiera salvar al mundo de una posible destrucción. No sabía qué era lo que estaba haciendo allí, con gente que no conocía y soportando cosas inimaginables, en lugar de emprender retirada hacía algún sitio donde vivir tranquila hasta que el mundo se hiciera añicos.

«Te advertí Aura, que tus amigos humanos no son de fiar. ¿Qué más piensas esperar antes de aceptar lo que yo puedo ofrecerte?», la voz de Azazel se coló en su cabeza.

Éste, atado a un cepo estaba disfrutando de unos escasos minutos de descanso a su calvario. Pero ni siquiera eso, ó Lucifer, podrían hacer que él se saliera con la suya; aunque nunca pudiera tener a Aura, él se vengaría del trato que su amo le daba, ya estaba cansado de sus humillaciones y agravios. Advertía el malestar por el que la muchacha estaba cursando, los consejos del despecho serían buenos aliados para dirigirla, sino a sus brazos, por lo menos a sus mismos objetivos.

«¿Qué me ofreces a cambio?», la fría respuesta mental de la chica ya no se hizo esperar.

―Debemos permanecer unidos. Ninguno de nosotros puede ni debe dejarse influenciar por los sentimientos dañinos que nos están envolviendo constantemente.

La voz de Elever llegó hasta ella, como si el viejo supiera lo que pasaba por su corazón. Hasta parecía que la observaba.

Aura esbozó una sonrisa burlona y miró hacia otro lado. A su alrededor, el paisaje le confirmaba que todo era una nada, un camino incierto que los conducía a otra nada mayor de la que no podrían escapar, hicieran lo que hicieran.

«Te entregaré las gemas y me haré a un lado. Tú, comprométete a dejarme en paz y a aliarte conmigo ante quien se ponga en mi camino. Solo quiero salir de aquí y vivir en paz». Ya no había nada más que meditar ó sopesar. Las gemas, ocultas en su cinto, parecían tironear para liberarse de su prisión; quizá presentían que ya no estaban en buenas manos.

«No estoy de acuerdo con dejarte en paz, pero si es lo que quieres así será. Recuerda que junto a mí puedes vivir y ser como una reina, mi única reina», oyó la voz pesarosa de Azazel.

Luego de oír su respuesta, movió sus labios imperceptiblemente y lo convocó.


****


Una carcajada ensordecedora resonó en todo el averno, al tiempo que un incesante temblor se dejó sentir por un breve instante. Azazel ya no estaba atrapado en su instrumento de castigo. Lucifer no había tenido en cuenta que aquel estaba obligado a presentarse en donde lo convocaran, aunque estuviera apresado y siendo castigado bajo sus propias órdenes.

«Maldito gusano. Ya tendré la ocasión de tenerte entre mis manos, y en ese momento no tendré clemencia. Te aplastaré gustoso con mis propios dedos», pensó indignado el supremo del averno, con los ojos inyectados en sangre y fuego.


****



Cuando los ángeles protectores terminaron de explicar cuál fue la razón por la que habían perdido a la Bestia de la Destrucción, todos se pusieron en marcha en busca de un lugar tranquilo donde descansar antes de que los pillara la noche.

A partir de la decisión tomada, Aura ya no fue la misma. Se tornó taciturna y se apartaba frecuentemente del grupo, ya no sonreía ni buscaba motivos para ayudar a los otros. Ahora, tenía que esperar a que Azazel apareciera y la sacara de allí.

―Estás muy callada.

La voz de Eric le llegó a través de miles de kilómetros.

―No te preocupes, estoy bien. Algo cansada solamente.

Sentía en su pecho un dolor muy hondo que apenas podía controlar. Pero sabía, como todos allí, que las heridas del corazón duelen hasta sangrar pero no son mortales.

Éste continuó caminando a su lado, iba callado. Sabía lo que le pasaba y lo lamentaba. Varias veces su mirada se había cruzado con la de Val que venía atrás del todo, solo y sumido en sus pensamientos, como siempre.

Al fin, hallaron una cueva bastante cómoda y que podía albergarlos a todos. Una vez que prendieron una fogata y se alimentaron con lo que encontraron por allí, intentaron descansar un poco.

Cuando todos dormían, o casi todos, el fuego arrojó la sombra de una figura sobre las paredes de piedra. Alguien se movía sigiloso entre los cuerpos esparcidos por el suelo y salía a la negrura de la noche.

«Aura», atinó a pensar Val cuando la vio salir de forma sospechosa. No estaba dormido, solo tenía los ojos entornados; meditaba acerca de la forma de acercarse a ella para solucionar el mal entendido que él mismo había provocado.

Silenciosamente fue tras la muchacha; que iba resuelta, sin mirar a los costados y con una decisión que parecía ser definitiva. La siguió, refugiándose tras los troncos deformes de los árboles. Algo le decía que Aura se había dejado llevar por las apariencias y decidió tomar el camino equivocado.

―Al fin llegas, querida Aura.

Se oyó la seductora voz de Azazel, desde las sombras que reinaban en ese claro al que había llegado.

La muchacha se acercó a él, sus temores y desconfianza pronto se convirtieron en fascinación al verlo. Era lo que éste provocaba en el sexo femenino aun en contra de sus voluntades. Pero ella sabía controlar esas locas sensaciones que le despertaba en el cuerpo y en la piel, no olvidaba el motivo por el que estaba allí. Lentamente se quitó el cinturón donde llevaba oculta las gemas y se lo extendió. El demonio la observó fijamente, buscando en el fondo de sus ojos los síntomas propios del arrepentimiento, pero no los halló. Sólo percibió el profundo despecho que invadía el alma de la chica y el amor que desbordaba su corazón; un amor que no era para él y que no le pertenecería jamás. Entornó los ojos, le molestaba ponerse en calidad de perdedor, pero ya veía que no había otra posibilidad.

Oculto entre las sombras, Val observaba todo gracias a la luna que había emergido de entre las nubes grises. No podía creer que Aura los traicionara de la manera que lo estaba haciendo.

―Aura, ¿qué haces?

Al fin, este decidió salir de su escondite para enfrentarlos, con su espada en alto.

Aura lo miró como si no lo reconociera y se acercó a Azazel, ya no le importaba lo que tenía para decirle.

―Es más que evidente que no tienes nada que hacer aquí ―se burló el demonio, esbozando una media sonrisa sarcástica ―. ¿Nos vamos querida?―le dijo a la chica, tomándola por la cintura.

Ella hizo un movimiento afirmativo con la cabeza, mirando a Val, y ambos desaparecieron.

―¡Aura! ―gritó Val, culpándose de que se hubiera llegado a esa situación.

Sin pérdida de tiempo se dirigió a la cueva, tenía que despertar al grupo para contarles lo sucedido.

―¿Azazel? ―preguntó Flora, con tristeza en la voz, al tiempo que bajaba la mirada.

Su hermana la miró perpleja y frunció el ceño. Se acercó a ella y la tomó de un brazo.

―¿Qué sucede? Acaso…¿tú tienes algo que ver con ése demonio?

Había indignación en la voz de Laela, que tenía los ojos clavados en la chica y la sacudía del brazo.

―Lo siento, yo…me dejé seducir y acepté hacer lo que me pidió. Todo por quedarse con Aura ―susurró avergonzada―, y enviar a la bestia de la destrucción hacía Orpra. De ésta forma desviaría la presión de Lucifer sobre él y se ocuparía de otras cosas.

Val miraba al piso y sacudía la cabeza. Todo había sido una trampa desde el inicio, y él se dejó envolver como un niño inexperto. Los malos entendidos y las palabras no dichas habían desencadenado lo que sucedía ahora. Se sentía como un verdadero estúpido, al dudar, sembró la duda a su alrededor y las cosas se confundieron.

―Laela, debes mostrarme el camino a Azazel.

―Es que no sé si mis poderes son tan potentes como para localizar a un demonio tan astuto como ese ―le dijo y se cruzó de brazos sin dejar de observarlo―. Lo que tú me pides va más allá de la bestia de la destrucción…Es algo personal ―concluyó convencida.

―Y mucho ―fue toda la respuesta que recibió de Val.

―No crees que es un poco tarde ―le espetó Eric. Él, mejor que nadie, sabía lo herida que se sentía Aura por la actitud de aquél.

Val lo miró con frialdad y no dijo nada. Entendía que estuviera molesto y se lo recriminará.


El demonio se había cuidado de llevar a la chica a un lugar de ensueño, lejos de la cruda realidad que la tenía tan abatida. Confiaba que el paisaje y la tranquilidad ayudaran a conquistar su rebelde corazón.

Aura estaba sentada a la orilla de un arroyo, cuyos pececitos saltaban en el aire creando una atmósfera de brillantes colores. Tenía la mirada perdida en el agua, se encontraba muy ensimismada.

―¿Y cómo es que Orpra logró convencer a la Bestia de la Destrucción de que lo siguiera?―preguntó de repente.

Azazel que estaba por allí, observándola en silencio, enarcó las cejas.

―¿Y cómo es que se te ocurre preguntar eso ahora?― repreguntó astutamente.

―¿No puedo? Estoy en mi derecho de saber, supongo.

Lo miró como para fulminarlo. Si había algo que Aura no sentía por él, era miedo a ser lastimada; por el contrario, sabía que debía cuidarse de no caer en sus redes. No debía dejarse seducir por su atractiva sonrisa de labios sensuales.

El demonio sonrió, él lo sabía, sin necesidad de que abriera la boca.

―Digamos que Orpra sufrió una especie de transformación, que convenció a la bestia de que iba por el camino correcto ―explicó enigmáticamente, con su mejor sonrisa.

«Una bestia solo persigue a otra bestia», concluyó Aura y se mantuvo pensativa. Su cabeza trabajaba a la velocidad de la luz, sabía que la respuesta a sus interrogantes estaba frente a ella.

Súbitamente, sintió su sangre caliente y la excitación de su cuerpo dispararse de forma alarmante. Se levantó de un salto y se alejó, sabía que Azazel se había acercado a ella. Era suficiente un ínfimo contacto con su campo de siniestra luz para experimentar todos los placeres del universo juntos.

―¡Aléjate de mí!―le ordenó, desvainando su espada.

Un risa siniestra salió de los labios de aquel, curvado ahora en una sonrisa de satisfacción.

―No te resistas. Tarde o temprano serás mía, tú misma me pedirás que te posea.

―¡Déjame en paz!

Salió corriendo para apartarse de él, necesitaba pensar. Sabía que podía resolver el enigma de cómo hacer retornar a la bestia que habían perdido.

«En fin, no sé para qué me preocupo. Debería importarme un bledo lo que suceda de aquí en más». Le resultaba difícil desviar su atención del asunto, al tiempo que caminaba inquieta y pateaba las piedras que encontraba a su paso.

Sumida en estos interrogantes llego a otro lago y se tumbó en el pasto, mirando las nubes blancas que pasaban rápidas en el cielo. Un extraño sopor se apoderó de ella, le parecía escuchar susurros a su alrededor.


Despertó y Val estaba a su lado, llamándola por su nombre y acariciándole la mejilla.

―Val ―susurró y sonrió.

Él se acercó más y la besó. Los suaves labios del hombre juguetearon con los suyos hasta que hizo el beso más profundo y su lengua se abrió paso hasta su boca. Al principio ella se asustó, pero luego se dejó llevar y pronto sus labios estuvieron en su cuello, y sus manos la desnudaban sin que opusiera ninguna resistencia. Su piel se acostumbró a esas caricias que en algún momento se imagino, y que desechó de sus pensamientos por sentirse culpable de ansiarlas en un momento como el que estaban atravesando: con la destrucción del mundo a un paso de ellos. Dejó que sus dedos se enredaran en los lacios cabellos de Val, al tiempo que oía sus palabras de amor y se perdía en la luz de sus ojos oscuros, profundos y llenos de apasionados sentimientos hacía ella. Sus caricias la estaban llevando al mismo paraíso que con tanto esfuerzo buscaban restaurar en la Tierra. Lo veía, veía a Val junto a ella; desnudos los dos, haciendo el amor.

―¡Val!―gritó, cuando despertó sobresaltada, jadeando y empapada en sudor.

―Vaya, olvidé decirte que tuvieras cuidado con este lago. Le gusta inducir los deseos reprimidos durante el sueño.

La sarcástica voz de Azazel le llegó desde una distancia prudencial. El muy cretino reía con sorna, seguramente tuvo acceso al espejismo onírico al que la había sometido ese maldito lago.

Nuevamente se apartó de él. Necesitaba estar sola y calmarse. Todo había sido un sueño tan real, y el corazón palpitaba con fuerza en su pecho. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas; sabía que existía una única verdad: ella estaba enamorada de Val y él no le correspondía.

―¡Aura!―la voz de Val resonó en sus oídos.

Con la espada en alto se dio vuelta y enfrentó al espejismo.

―Déjame en paz Azazel, si no quieres que te mate como sea ―le advirtió.

―Aura, soy yo…Val ―insistió, acercándose peligrosamente.

Antes de que ella atinara a defenderse, algo surgió de la nada y cayó sobre lo que pensaba era el espejismo de Val.

―¿Qué haces aquí, invadiendo mis dominios? ―bramó Azazel, trabándose en lucha con Val.

Aura no entendía lo que estaba pasando. Era Val, no era un espejismo.

―¡Basta! ―le ordenó a los dos.

Ambos se habían separado, sangrando por los golpes y los rasguños, y se miraban de forma amenazante.

―Aura, vine por ti ―le dijo Val, mirándola, al tiempo que se tocaba el labio partido―. Tenemos que hablar, hubo un mal entendido ― ella lo miró con rabia y con los labios apretados ―. Por favor, ven conmigo…

―No te das cuenta de que no quiere saber nada contigo. Tuviste tu oportunidad y la perdiste. Ella me pertenece ahora ―le habló el demonio de forma amenazante, con el brillo de maldad que lo caracterizaba.

De la nada, Azazel sacó una daga afilada y la lanzó contra su contrincante. No hubo tiempo a reaccionar, cuando Val quiso ver ella estaba sangrando entre sus brazos; quiso protegerlo y terminó herida.

La furia del demonio no se hizo esperar, y de sus ojos de fuego salieron llamas capaces de quemar un bosque entero pero ya era tarde; Val había desaparecido, llevándose lo que había venido a buscar, con la incertidumbre de no saber si había llegado a tiempo.

―La Bestia de la Sabia Inocencia...la atraerá…Laela…búscala...

Fue lo último que murmuró Aura, antes de desvanecerse en la cueva a donde habían regresado, y en donde todos la rodeaban con pena y asombro.


Junio 2012


Puedes leer la historia completa aquí:

http://adictos-escritura.foroactivo.net/t322-la-historia-enlazada-el-relato






2 comentarios:

  1. Ay, ya están empezando los conflictos y problemas entre los protagonistas...y creo que no será la primera vez. Menos mal que han podido recuperar a Aura. A pesar de todo, sigo teniendo mis dudas, a quien escogerá Val? xD
    Por muy extraño que sea, aunque Luzbel y Azazel sean malos, de algún modo me gustan, jaja.
    Me ha gustado tu continuación :D Aunque hay una frase que me ha sonado un poco extraña:
    "Val lo miro con frialdad y no dijo nada. Entendía que estuviera molesto y se lo recriminara."
    Esta historia cada vez me gusta mas!! Perdona por la falta de acentos, estoy desde el móvil y esto solo tiene el autocorrector.

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  2. ¡Pero qué bárbara eres! Le diste un giro totalmente opuesto al que le había dejado Nerea. xD Cada vez está mejor y mejor esto, no solo por las Bestias, también por las tramas entre los personajes.

    Pobrecito Eric, ahora sí que no le dejaste oportunidad con Aura. xD Tendremos que encontrarle una mujer en ese mundo. ¿Qué tal si un súcubo lo seduce? Ayyy, tantas ideas y aún no termina la segunda ronda. A ver si esto aguanta para una o dos vueltas más. xDD

    Discúlpame por todas las correcciones. T_T Al menos no te lo dije de manera pedante. T_T ¡No me odies! xD

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"La vida se ríe de las previsiones y pone palabras donde imaginábamos silencios y súbitos regresos cuando pensábamos que no volveríamos a encontrarnos."


José Saramago